lunes, 14 de marzo de 2011

Japón



Soberbia demostración de nuestro planeta Tierra de no quererse dejar dominar por la insignificante Humanidad y su alta tecnología.

Mis condolencias a todos los afectados.
Deseo que pronto se recuperen de este duro golpe.

sábado, 12 de marzo de 2011

En un pasillo de Metro de cuya estación no quiero acordarme...

Confieso que hace tiempo que no uso el transporte público.
Pero la verdad es que últimamente tengo la sensación de pasarme horas y horas en un pasillo del metro.

Quizá por lo inusual que resulta para mi el hecho de bajar al metro, y recorrer sus concurridos pasillos, cuando viajo en metro me voy fijando en todo. (Aunque puede que esto sólo sea debido a que soy una persona muy observadora).
Me fijo en los carteles de publicidad, en el aspecto de los demás viajeros, en los músicos de los rincones... por fijarme, me fijo hasta en el color de los paneles que cubren las paredes, los carteles informativos que ayudan a encontrar tu andén y hasta me hipnotizan los paneles luminosos que informan acerca de cuánto tiempo falta para que llegue el siguiente tren.

Supongo que para aquellos que hacen su viaje diariamente, siempre entre las mismas estaciones, con los mismos transbordos, y es posible que hasta con los mismos desconocidos compañeros de viaje, estos detalles les pasan inadvertidos. Van enfrascados en sus libros de bolsillo, escuchan su música favorita con sus auriculares (o sin ellos), o juegan con su móvil durante el trayecto.

Mi trayecto es bien distinto. Yo siempre tengo sitio, mi asiento es cómodo, de espaldas al cristal, como siempre. Lo paradójico es que mi vagón siempre esta quieto, y son los pasajeros los que se pasean ante mi. En todas direcciones, hablando diferentes idiomas, con diferentes acentos. Unos altos, otros bajos, unos más educados, otros más tímidos. Solos, acompañados, esperanzados, cabreados, satisfechos, entristecidos... (Vamos, calcadito al anuncio aquel de la coca-cola).

Y cada estado de ánimo que desfila ante mí, interrumpe mi concentración. Pero total, para lo que yo lo uso...
Ah, había olvidado comentarlo... es que yo... trabajo en el metro (de Madrid informa) [tic@]

(Y que el Consejero de Transportes de CAM me llame loca, pero creo haber tenido algún que otro metrobús entre mis manos).

viernes, 11 de marzo de 2011

11M



Esta mañana conducía hacia mi trabajo, cuando el locutor de la radio del coche lanzaba un pensamiento al aire, al recordar que hoy se cumplen 7 años del brutal atentado en los trenes de cercanías de Madrid.
"Seguro que todos podemos recordar qué estábamos haciendo en esos fatídicos momentos..."

Efectivamente yo lo recuerdo como si fuese ayer... Iba haciendo exactamente lo mismo que esta mañana: conduciendo hacia mi trabajo mientras escuchaba la radio. La diferencia es que hace 7 años iba con los ojos llenos de lágrimas ya que las noticias que radiaban, las cifras de muertos, lo familiares que eran para mí las estaciones en las que iban estallando trenes como si de una traca de las Fallas se tratase, todo eso me parecía tan brutal, tan inhumano, tan terrible que no podía creer que estuviese sucediendo de verdad, y me resultaba imposible contener las lágrimas.

No podía pensar en en otra cosa, salvo que esos mismos trenes me habían llevado y traído tantas veces a clase... que algunos de mis compañeros, vecinos y amigos los utilizaban a diario... Era inevitable, mi cabeza repasaba todos mis amigos y allegados que podrían estar en esos momentos en uno de esos trenes.
La lista se detuvo, sí, ella vivía a pocos metros del Pozo y usaba el tren para ir a trabajar a Nuevos Ministerios. Marqué su móvil, pero era inútil, las lineas estaban saturadas. Imposible contactar... Interminables se me hicieron los minutos que tardé en contactar con su novio, que me pudo explicar que acababa de hablar con ella y que afortunadamente la explosión la pilló aún en casa ...poniéndose el abrigo para salir...

Casi 200 personas no tuvieron tanta suerte como mi amiga.
Descansen en PAZ.

jueves, 10 de marzo de 2011

Destierro

Aún recuerdo vagamente de la lecciones de Historia que mis profesores trataron de imbuir en mi cerebro en mis años escolares.
Se hablaba en algunos episodios, de un infame castigo infligido a los traidores, que consistía en enviarles al espantoso "destierro".
Quizá algún desorden mental (la locura es lo que tiene) o bien algún leve brote disléxico, provocaban en mi cabeza la asociación entre destierro y desierto, con lo cual, para mí todos los personajes históricos condenados al destierro debían estar, según mi (i)lógica, en el desierto.
Casi me da un vuelco el corazón cuando me contaron que un señor (al que le debía doler siempre la tripa) y que había conquistado media Europa, fue desterrado nada más y nada menos que a una isla!! Y todo por perder una batalla.


Con los años, he aprendido que destierros hay muchos, y muy variados. Los motivos para ser desterrado también son de lo más variopintos. En ocasiones (veo muertos) ni siquiera hay motivos...

A vueltas con la giliética (que diría mi camarada Hades) nos encontramos con un inmenso poder sobre el regazo, que gracias a los momentos de lucidez, no utilizamos con fines de lucro en exclusiva, permitiendo que la mezquindad obtenga indignos trofeos que lucir en su chimenea de fuego bajo.


lunes, 7 de marzo de 2011

Pues yo iba andando al colegio

Sí, sí de verdad, yo iba andando al cole. Y he sobrevivido. Y eso que había que cruzar carreteras, y la mayoría sin regular por semáforos ni nada...

Por eso, alucino por las mañanas cuando voy camino del trabajo y paso por la puerta de los colegios.

Me parece bien, que si al progenitor del infante que acude a las clases le viene de paso, lo acerque en su coche a la puerta del colegio, pero... ¿es necesario dejarlo en la misma, mismísima puerta? (y eso que algunos ya son talluditos, que la cabeza sobrepasa el techo del coche).
Es decir... Si los coches que traen a los niños están montando un tapón de impresión en la puerta del cole, y el coche de delante se ha parado para que baje algún niño, ¿es necesario esperar a que el niño salga, coja su cartera, y cierre la puerta, para a continuación avanzar los 4 metros que ocupaba dicho coche y que el niño propio repita la operación de bajar, coger la cartera y cerrar la puerta? Si ves que del coche de delante está bajando un niño, ¿es tan descabellado decir a tu niño que se baje a la vez que el otro? ¿Se puede perder del coche a la puerta del cole si le separan 4 metros más?

Señores diseñadores de Colegios, por favor, de ahora en adelante, nada de colegios con puertas a pie de calles de paso. Pongan la puerta en calles sin salida, eso sí, bien anchas para que los padres puedan volver sin tener que hacer maniobras.

O mejor aún, hagan las entradas a los colegios como las de las mansiones, con media rotonda delante para que los papás y mamás puedan esperar su turno de dejar al niño en la mismísima puerta sin estorbar al resto de conductores que solo pretenden llegar puntuales a sus respectivos lugares de trabajo.



Es más, se me ocurre que hagan la entrada al estilo de dársenas de autobús, de las que están en paralelo, y que así los padres y madres de niños de menos edad los puedan dejar más cerca de la puerta del colegio, y los niños mayores se bajen en los pasos mas lejanos...

¿taré loca?